Dr. Prieto Chaparro

Expertos/as

Introducción

Tradicionalmente, el envejecimiento se ha considerado como un factor de riesgo no modificable para un número importante de enfermedades, entre las que se incluyen aquellas cuyo sustrato se localiza en una pequeña glándula pélvica, que constituye un rasgo característico de varón: la próstata.

Cuando se analiza la “salud masculina”, tradicionalmente, el foco se ha puesto en enfermedades de un único sistema: el genitourinario.Los síntomas urinarios, el aumento de volumen prostático relacionado con el envejecimiento y el cáncer de próstata, ocupan el 80% de los esfuerzos asistenciales vinculados a la “enfermedad masculina” y, por tanto, es rabiosamente preceptivo y pertinente referirse indistintamente a “salud masculina” o “salud prostática” en un ejercicio de “adoptar el todo por la parte”.

La edad es un factor importante en la aparición y desarrollo de la hiperplasia benigna de próstata (HBP), y esta tendencia debido al envejecimiento de la población es cada día más creciente.

La salud masculina de forma holística, y prostática de manera particular, no es un elemento aislado que solo afecte al varón; debe corresponder a una preocupación global, ya que afecta también a esposas, hijos, comunidades y países.

Seguidamente veremos el cambio de paradigma respecto a la HBP y los síntomas urinarios en una descripción actualizada y práctica.

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